6. El gran debate de la evaluación
- María Dönges

- 9 jun 2018
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 10 jun 2018

Llegamos a la recta final de la asignatura y hoy toca hablar de uno de los temas más polémicos en cuanto a la enseñanza: la evaluación. Hay gente que cree que se puede medir el aprendizaje mediante un examen final, pero antes de empezar con el post me gustaría destacar el hecho de que no se debe tener en cuenta como tal, aunque mucha gente lo considere así. No se trata de someter a los alumnos a un examen con los contenidos de todo el curso, sino que el profesor debería dividirse a lo largo del curso distintas “mini tareas” para hacer una evaluación del progreso de aprendizaje.

En mi caso, de pequeña en ciclo inicial, mi evaluación era cualitativa y podía variar en una escala de progresa adecuadamente, necesita mejorar, ha alcanzado el nivel adecuado, etc. En primaria, sin embargo, ya empezaron a utilizar la evaluación cuantitativa. Empezamos a estar determinados por un número del 0 al 10, por un bolígrafo rojo que marcaba todo lo que hacíamos mal.


A partir de ese momento, todas las evaluaciones han seguido las mismas directrices:
En primer lugar (y por desgracia) todas han sido sumativas. Por lo tanto, se han centrado en seguir un estándar ya marcado y en aprobar un examen según si habíamos cumplido con él. Según mi (humilde) opinión, habría sido mejor centrarse en la evaluación formativa, aquella que se centra en el aprendizaje ya no solo de lo que dice el profesor, sino también de la interacción entre los mismos alumnos.
En segundo lugar, he experimentado las evaluaciones continuas. De esta forma los alumnos tenemos distintas oportunidades para demostrar que realmente estamos aprendiendo y, si por algún motivo, sacamos mala nota en algún ejercicio que evalúa, todavía tenemos otras posibilidades para compensar esa mala nota. Por lo general, hacíamos un examen parcial y otro final, además de un dossier con todas las actividades y apuntes de la asignatura. Entonces, se sumaba todo, se dividía según porcentajes y de ahí salía nuestra nota final. Haber experimentado esta metodología es algo que realmente agradezco, ya que la evaluación final me parece una locura: ¿evaluar toda la materia impartida en la asignatura en un ÚNICO examen? ¿Y qué pasa si, por algún motivo, no te encuentras bien el día del examen? Cualquiera puede tener un mal día, y si ese día coincide con la fecha del examen, se arriesga a suspender.


En cuarto lugar, se me evaluaba de manera normativa. Es decir, en relación al conocimiento y habilidades que tenían mis compañeros de clase. En ese momento a mi me parecía genial ya que mi nivel de inglés era superior al de mis compañeros así que estaba en ventaja, y en castellano y catalán tampoco tenía problemas por sacar buenas notas. Sin embargo, mirándolo fríamente, esto no debería haber sido así y puede que sea mejor una evaluación ipsativa donde se evalúa según lo que uno conocía anteriormente y cómo ese conocimiento ha ido aumentando con el paso del trimestre.
En mi academia de inglés, los exámenes se evalúan de manera criterial y se basa en confirmar si la persona realmente tiene el nivel o se ajusta a la clasificación marcada por el CEFR. Por ejemplo, como yo ahora estoy en el nivel C2 (o Proficiency), los exámenes los hago según lo que el Marco Común de Referencia Europeo considera que debería dominar con las competencias que poseo.

Con todo esto explicado, creo que echando la vista atrás sí he recibido una evaluación justa de mi aprendizaje. Siempre trato de esforzarme lo máximo posible y eso lo veo reflejado en las notas que acabo sacando. Ahora bien, esto es una manzana envenenada, ya que cuando saco notas más bajas de lo que esperaba, me “recrimino” porque el esfuerzo realizado no ha dado fruto.
Lo que sí que no creo que se me haya evaluado de la mejor manera posible. Todos somos diferentes y, sin embargo, nos sometemos a exactamente los mismos exámenes y maneras de evaluar.
En cuanto a los exámenes, en la universidad he hecho exámenes de adscripción para establecer cuál era mi nivel de inglés y así poderme asignar al grupo que mejor encaje según mi nivel. También fue el caso de hacer examen de adscripción cuando me fui de campamento de verano para aprender alemán. Justo al llegar nos hicieron un examen tipo test para determinar cuál sería el mejor nivel para aprender el idioma. Una vez ya asignados en el nivel correspondiente, todos los exámenes han sido de aprendizaje, ya que al tener evaluación continua, hacíamos exámenes al acabar cada unidad. En cambio, en la academia de idiomas hago exámenes de aptitud (achievement tests) para ver si a final de curso he aprendido toda la materia enseñada.

Otro tipo de examen que he experimentado es el de competencias para obtener los certificados tanto del FCE como CAE en el British Council. Estos exámenes recuerdo que fueron muy largos y que estaba nerviosísima. La verdad que iba preparada, pero al ser un examen externo al instituto me daba mucho respeto (y todavía más si lo suspendía, ya que las tasas no son precisamente baratas).
Haciendo una búsqueda exhaustiva en mi casa, he también encontrado este examen de inglés de lo que se llamaba "competències bàsiques", unos exámenes que se hacían en sexto de primaria y cuarto de la ESO para evaluar si los alumnos habíamos adquirido los conocimientos básicos en las competencias comunicativas lingüísticas y asegurar así que no tendríamos ningún problema para seguir con el currículum previsto para cursos superiores. En este caso, lo organizaba la Generalitat de Catalunya.


Las herramientas utilizadas han sido de todo tipo: los típicos exámenes tipo test para readings y listenings de inglés, exámenes de comprensión oral a través de entrevistas (solo en la academia de inglés y en los exámenes de competencias, en la escuela nunca he realizado de este tipo) o presentaciones orales en catalán y castellano, así como ejercicios puntuables y trabajos en grupo — mítico sello de la Universidad Pompeu Fabra—. En Portland hice tutorías para mi asignatura de writing, algo que nunca antes había experimentado.
Como conclusión, no creo que la evaluación ni la calificación deban depender de una sola técnica porque de esta manera únicamente se mide un tipo de aprendizaje. En el plan docente, el profesor organiza las clases de manera que se trabajan distintos ámbitos de la lengua, y por este motivo se deben medir los aprendizajes logrados en cada uno de ellos por medio de la técnica que le corresponda. Todo esfuerzo realizado por el alumno durante el curso como resultado de las actividades de aprendizaje debe ser parte de la evaluación.




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