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2b. Todos los caminos conducen a...

  • Humanismo: Los alumnos tenemos emociones, identidad y una personalidad completa al fin, no nos van a tratar como robots), así que hay que crear una buena atmósfera en clase: libertad para participar, no hay obligación de hablar… Se enfatiza en la condición personal del aprendiz según si son niños, adolescentes, adultos o mayores.

Personalmente, considero que no es muy buena idea dejar al alumno al margen del resto del transcurso de la clase. Hay que conectar con el alumno, asegurarse que está siguiendo la clase y lo entiende todo. 

Esta es la segunda parte del post anterior, donde me propongo explicar el otro tipo de teorías existentes: las teorías psicológicas.  A decir verdad, nunca antes me había imaginado que los profesores necesitasen la psicología para impartir clase. Pero ¡no!, porque resulta que la enseñanza es interdisciplinaria y, por lo tanto, se apoya en distintos campos de conocimiento, uno de ellos la psicología. A continuación, pues, os dejo con las distintas teorías psicológicas que los profesores pueden utilizar en sus clases.

  • Conductismo: Esta teoría trata el lenguaje como una conducta, y la única manera de aprender una lengua es practicando, dado que el aprendizaje es un proceso de formación de hábitos. Por lo tanto, las formas de aprender son muy memorísticas. Para formar estos hábitos, no pueden haber errores, así que se corrigen todos. Se aprende recibiendo recompensas positivas o negativas.

  • Cognitivismo: El cognitivismo explica que según como la persona procese la información y entienda su mundo externo, desarrollará una conducta y procesos mentales. 

El estudiante tiene que tener una buena predisposición para aprender y debe ser activo en el proceso de aprendizaje. Lo mejor es que el alumno pueda interactuar, compartir con sus compañeros con el objetivo de modificar o crear nuevas estructuras mentales, crear situaciones que pueda relacionar conocimientos nuevos con conocimientos anteriores.

Es una enseñanza reflexiva que fomenta el desarrollo de procesos mentales. En esta vertiente creo que encajan las clases tanto de catalán y castellano. Era típico dar la teoría más básica y luego en el examen poner cosas más complejas para darnos la oportunidad de reflexionar y relacionar lo que ya habíamos aprendido con el nuevo ejercicio de teoría que se nos presentaba.

(Aunque dejadme decir que muchas veces no había persona humana que pudiese resolver los ejercicios basándose en la teoría que habíamos impartido en clase).

Recuerdo que mi profesora de inglés Mari Àngels era así. Nos hacia exámenes de vocabulario semanalmente, y aquellos que teníamos un 10 sumábamos un punto para nuestra clase. Después entre las tres clases competíamos para ver quien tenía las mejores notas. ¿La recompensa? Reconocimiento a final de trimestre, lo cual suponía un orgullo para el grupo ganador.

  • Constructivismo: Después de descubrir que los alumnos somos personas y tenemos una personalidad distinta, se dieron cuenta de que, por lo tanto, no se puede seguir la misma metodología para todo el mundo. Se intenta crear contenido más o menos específico para cada alumno siguiendo sus necesidades.

Afortunadamente tuve un par de profesores así en inglés durante el instituto. A decir verdad, no les tenía mucho aprecio al empezar ya que veía “injusto” que yo estuviese haciendo cosas diferentes a mis compañeros. Qué equivocada estaba… Ahora veo que tengo mucho que agradecer (¡gracias, Sergi y Ana!). Estos profesores supieron ver que las clases de inglés no eran útiles para mí ya que el temario que ellos impartían ya lo sabía, así que los exámenes los adaptaban a mi conocimiento, los libros de lectura obligatoria me los daban para gente nativa (y no para estudiantes), etc. Incluso mi profesora Ana me animó a participar en un concurso para ganar un curso intensivo en el extranjero. No gané, pero al menos me sentí apoyada y reconocida por mi profesora.

  • Socioconstructivismo: Esta es una evolución del constructivismo. Se cree que la lengua es una herramienta de mediación. El alumno no opera solo sino que interactúa con otros hablantes según el contexto. (Clases de speaking, ¡aleluya!). De nuevo, esta metodología la utilicé más en el instituto y siendo sincera, creo que es con la que más aprendí ya que considero que solo empiezas a aprender una lengua cuando estás sola ante el peligro y tienes que hacerte entender por tu propia cuenta. Esos ejercicios de fill-in-the-blanks no sirven para nada, ya era hora de que alguien se diese cuenta.

Mi opinión personal es que en la realidad ningún profesor se ciñe a una sola teoría para impartir clases. Como conclusión no creo que se deba seguir un método u otro a rajatabla. Ser maestro implica saber coger lo mejor de cada uno y adaptarse según el contexto a lo que requiera la clase. Para ser un buen maestro ideal, deberían meterse los distintos métodos en una coctelera, agitarlos convenientemente e impartir la clase. Es decir partir de la lectura de un texto puede ser una buena motivación para crear un ambiente de expectación en la clase. O también a partir de una imagen… lo importante es crear esa chispa que encienda las ganas de participar del aula. Sin etiquetar o sin buscar una etiqueta al método utilizado, porque todos pueden ser igual de válidos, y/o positivos.

 

He aprendido cosas de todos los métodos y no puedo decir cual es mejor o elegir uno objetivamente porque desconozco cómo habría llegado al nivel de conocimiento de lenguas que tengo ahora si no hubiera pasado por todos estos profesores y métodos. Cada uno sembró una algo en mí que ha provocado que a día de hoy tuviera mi planta lingüística, a punto de florecer.

© 2023 por María Dönges. Creado con Wix.com

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